Excepto una cosa.
En medio de la sala se hallaba una persona, una persona con una cuerda alrededor de la garganta, colgando. La cuerda estaba enrollada en una de las vigas del techo. Había un taburete caído bajo ella, y un sobre.
Tras recobrarme del shock, cogí el sobre y lo puse sobre la mesa del escritorio normal. Utilicé un abrecartas normal y lo abrí. Decía:
"No queda mucho más que decir para este pobre diablo. Tiempo ha desde la última vez que pude disfrutar de su sonrisa, y cada día me cuesta más recordarla. Cada noche despierto un poco más nervioso al ver que, corriendo hacia ella, se aleja más. No puedo seguir con este peso, y por eso he decidido acabar con todo.
En el pasado viví feliz (junto a ella). No podría estar más agradecido a aquellas personas que estuvieron a mi lado en cada momento, desde que la conocí hasta que decidieron que no debía volver a despertar; y me gustaría pediros perdón. Perdonadme por haberme alejado de vosotros, por haber decidido que la reclusión era la única manera de preservar su recuerdo vivo en mi mente. Cuánto me equivocaba.
¿Por qué? ¿Por qué, si es que existes, Dios, tuviste que arrancarla de mi lado? Si lo hiciste supongo que tendrías tus razones. Debiste hacerlo para que yo la siguiera, ¿verdad? Y me estoy retrasando, mientras ella me espera. No tardaré mucho, mi amor.
Tengo que dar las gracias también a aquellas personas que siguieron cuidando de mí en mi encarcelamiento autoimpuesto. De no ser por ellos no hubiera podido acabar mi obra, no habría podido plasmar su historia en estas volátiles hojas. Gracias por todo, de veras.
¿Qué más tenía que decir? Ah, sí. Todas mis pertenencias pasarán a ser propiedad de John Carrol. Ya que no tengo descendencia no habrá problema en que así sea. Así lo hubiera querido Violet, y así lo quiero yo.
Es hora de que me marche. Todos mis pensamientos, todos mis sentimientos y mi historia se hallan dentro de la suya, que dejo escrita para que no quede en el olvido."
Había también una hoja a parte:
"Querido John
Sé que serás tú el primero que encuentre esto. Siento que tenga que ser así. Espero que mi pequeña fortuna te arregle un poco la vida (ya que a mí no me servía de nada). Haz lo que puedas para alejarte de tu padre; me cuesta creer que semejante monstruo tuviera una hermana tan maravillosa como Violet. Respecto a ella, el libro que escribí relatando su vida (que también es la mía) está en el escritorio, su portada es una representación de una flor que crece en el borde de un abismo. ¿Por qué? Porque eso es lo que ella y yo éramos. Éramos esa flor, esa flor a la cual una ráfaga de viento podría hacer desaparecer pero que se mantiene fuerte y firme. Más de una vez nuestras raíces casi nos fallan pero logramos arraigarnos más y más en el abismo, fortaleciéndonos el uno al otro.
Es tuyo. Todo es tuyo. Estoy seguro de que tomarás buenas decisiones sobre qué hacer con cada cosa. ¿Recuerdas ese abrecartas? Lo conseguí en una feria, en uno de esos juegos de habilidad. Violet se fascinó con él, y yo me dije a mí mismo que tenía que conseguirlo para ella; y lo hice. Todos los libros que se encuentran en las estanterías los leímos juntos, ambos sentados en sillones contiguos y de la mano. Sus miradas variaban: cuando algo le hacía gracia me miraba alegre, coqueta; cuando leía algo triste me miraba con los ojos brillantes y yo la abrazaba. Sin duda, lo que más claramente recuerdo es cómo te miraba a través de la ventana cuando tú estabas en el parque del jardín, jugando con tu hermana y tus primos. Era como un ángel.
Pero no voy a enrollarme más. Esta carta es para ti, John. Fuiste el hijo que nunca tuvimos, y ojalá hubiésemos podido disfrutar juntos por mucho más tiempo.
Nadie debe decirte a quién debes amar, ni debes esconder lo que sientes,
ya que si no te acercas al borde del abismo nunca encontrarás esa flor tan especial.
Vive, ama y sé feliz,
Sartor Blazer."
Todo lo que antes era normal para mí ahora pasó a ser especial, y aquello que era especial ahora se había hecho un hueco en mi corazón. Violet Carrol era mi tía, y la quise más de lo que nunca quise a nadie en mi vida. Ella me cuidaba; me enseñó a leer, a escribir, me curtió en el arte de la lírica y me apoyó en cada cosa que traté de hacer, todo junto a Sartor. Me gustaría que las cosas hubieran acabado de forma distinta... Pero ya no quedan palabras que escribir.
Sólo queda vivir. Viviré, amaré y seré feliz por vosotros.
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