Bueeeno, después de tanto tiempo he vuelto a escribir... creo que es mi única manera de liberarme... últimamente estoy bastante decaido y no sé qué hacer...
Hablando de mi rendimiento escolar, creo que aprobaré todas, aunque plástica me va a costar un poco... ¡me da igual! ¡No pienso tirarme todo el verano haciendo rallajos y dibujos mierdas!
Como siempre, no tengo nada interesante que poner, así que me limitaré a liberar mi imaginación...
...el hombre llegó a su destino. Estaba en la Capital, una gran y esplendorosa ciudad fundada por el rey Tothrem Viruore, el comandante de un antiguo ejército que... bueno, eso es otra historia. Entró en una especie de taberna, y se dirigió a la barra. El lugar era una edificación rectangular, un tanto larga. No habían pisos. La entrada se encontraba en el lado de la barra; esta se encontraba recorriendo el largo del lugar, y enfrente suya se posicionaban unas mesas de madera un tanto viejas, pero resistentes. Los asiduos del lugar se quedaron mirándole, a él y a su tremenda arma. No estaban acostumbrados a ver guerreros así por allí, últimamente ya no habían guerras y el ejército estaba por caer en decadencia; el pacifismo se adueñaba de todo. Puso unas monedas en la barra y indicó al tabernero que le pusiera una jarra de hidromiel. Licor de dioses, era llamado. El tabernero le sirvió su jarra y le preguntó:
-¿Qué hace un guerrero como tú por aquí? Esto debe causarte un tremendo repudio -dijo el tabernero, con una mueca burlona
-Vengo a proteger la paz a la que tanto estáis acostumbrados vosotros, los plebeyos.
-¡¿Proteger la paz?! -exclamó un hombre de la taberna, riéndose a carcajadas- ¡hace décadas que no entramos en guerra!
El hombre extraño bebió de su jarra. No pareció haber perdido ni ún atisbo de compostura. Sin girarse, ni aparentemente tener ganas de responderle, le dijo:
-Quizá las gentes de ahora estén demasiado acostumbrados a esto. Tras la calma viene la tempestad, supongo que habrás escuchado ese dicho, y creo que debes haber oido también que la Hora se acerca. Si personas como tú tuvieran que defender los muros de Capital, caería arrasada por ellos.
El hombre se enfureció. Se levantó de su silla y exclamo maldiciones sobre el tranquilo extraño que seguía dando sorbos a su jarra.
-¡Eso son solo mitos, pedazo de...! -no pudo acabar su frase
-¿Mitos? He vivido más que tú. He luchado en más batallas que tú. Y me he enfrentado a ellos. No serás capaz de comprender mis palabras hasta que los hayas visto con tus propios ojos. Y para entonces, si no estás preparado, serás pasto de los gusanos, si esque han dejado por lo menos huesos para ellos.
El extraño terminó de un trago su cerveza, se levantó firmemente y salió de la taberna. Esta vez, se dirigía al castillo, actualmente regentado por el rey Niggrom Viruore.