Querer tener a alguien a quien echar de menos.
7 mar 2013
6 mar 2013
Dibujando a Frog
Hace poco (un par de días) logré completar el Chrono Trigger (por primera vez, ya sé que conseguí solo un final y aún me quedan por desbloquear xDD) y no pude evitar el "Efecto Game Over". Para mí, sufres el efecto Game Over cada vez que te pasas un juego: te pones a recordar todo por lo que has pasado hasta llegar al final y acabar con el malo malote, y te entra la nostalgia.
Pues bien, resulta que gracias al EGO que tuve la suerte de vivir, me entraron unas ganas inmensas de dibujar a mi personaje favorito del juego, con el cual logro llegar a identificarme. Estuve buscando imágenes, hasta que logré encontrar una:
Me fascinó, y no tuve más remedio que ponerme a dibujar sin pensar en nada más que en hacerlo lo mejor que pudiera. Quizá no haya logrado exprimirme al máximo, pero me gusta cómo me ha quedado.
Hice unas cuantas fotos al proceso, que también voy a añadir; ahí van:
Pues bien, resulta que gracias al EGO que tuve la suerte de vivir, me entraron unas ganas inmensas de dibujar a mi personaje favorito del juego, con el cual logro llegar a identificarme. Estuve buscando imágenes, hasta que logré encontrar una:
Me fascinó, y no tuve más remedio que ponerme a dibujar sin pensar en nada más que en hacerlo lo mejor que pudiera. Quizá no haya logrado exprimirme al máximo, pero me gusta cómo me ha quedado.
Hice unas cuantas fotos al proceso, que también voy a añadir; ahí van:
Lo de siempre: el boceto, la cabeza, y tirar.
La Masamune me salió un tanto churrera, pero algo es algo, ¿no?
Aquí ya tenía más o menos definido a Frog.
Y aquí está ya acabado. Pasé de tocar los detalles de la cabeza,
como está me pareció bien.
No creo que me haya quedado mal, pero sé que es mejorable. Ya iré mejorando, supongo.
1 mar 2013
Mensaje para cuando estés mal
¿Recuerdas todos esos buenos momentos que pasaste junto a esas personas, de las cuales estás a rebosar de recuerdos? ¿Y todas esas veces que llegaste a ver una estrella fugaz atravesando el firmamento?
¿Recuerdas todas esas risas, la felicidad que sentiste cuando estabas junto a aquella personita alegre, o lo bien que te sentiste al competir con ese amigo con el cual rivalizabas, y eso te ayudaba a avanzar?
¿Por qué estás mal? ¿Es por algo que ha hecho alguien, o por algo que has hecho tú? En verdad, no importa.
¿Por qué sigues dándole vueltas? De nada sirve.
Lo hagas bien o lo hagas mal, haberlo hecho será un paso más en tu propio camino. A veces es difícil avanzar, otras es divertido, pero siempre es gratificante.
Por una vez, piensa en todos esos buenos recuerdos, esas risas, esas personas que te ayudaron a ser como eres. Date cuenta de todo por lo que pasaste con ellas, tanto el tiempo de bonanza como el tiempo tormentoso.
Cuando lo hayas hecho, sonríe. Te queda mucho por vivir.
¡Ahora límpiate esas lágrimas y echa a correr rumbo a donde sea que tus pies te lleven!
¿Recuerdas todas esas risas, la felicidad que sentiste cuando estabas junto a aquella personita alegre, o lo bien que te sentiste al competir con ese amigo con el cual rivalizabas, y eso te ayudaba a avanzar?
¿Por qué estás mal? ¿Es por algo que ha hecho alguien, o por algo que has hecho tú? En verdad, no importa.
¿Por qué sigues dándole vueltas? De nada sirve.
Lo hagas bien o lo hagas mal, haberlo hecho será un paso más en tu propio camino. A veces es difícil avanzar, otras es divertido, pero siempre es gratificante.
Por una vez, piensa en todos esos buenos recuerdos, esas risas, esas personas que te ayudaron a ser como eres. Date cuenta de todo por lo que pasaste con ellas, tanto el tiempo de bonanza como el tiempo tormentoso.
Cuando lo hayas hecho, sonríe. Te queda mucho por vivir.
¡Ahora límpiate esas lágrimas y echa a correr rumbo a donde sea que tus pies te lleven!
La Cueva
Habla una historia de un joven, curioso y a la vez inseguro. Éste, fue a parar a la entrada de una cueva, en una de sus expediciones al Bosque Profundo. Sintió que quería averiguar qué se hallaba en su interior, pero tenía miedo de lo que le pudiera pasar. ¿Qué pasaría si hubiese un desprendimiento y la entrada fuese tapada por rocas, con él dentro? ¿Y si hay un monstruo hambriento, dispuesto a comerle?
Pero su curiosidad pudo con él, y se adentró en la cueva. No ocurrió nada, hasta que se halló frente a una bifurcación, en cuyo centro había un hueco en la piedra con una inscripción tallada.
"Derecha, conocimiento. Izquierda, -e----"
La parte donde explicaba lo que se hallaba a la izquierda, era ilegible, solo se distinguía una letra.
El muchacho meditó durante largo rato. Quería saber lo que había al final del camino al conocimiento, pero se moría de ganas por descubrir qué se hallaba tras el sendero de la izquierda.
Decidió.
No estaba preparado para seguir ninguno de los dos caminos. Salió de la cueva, atravesó el bosque, y vivió. Llegó un momento en el cual se le olvidó la existencia de esa cueva, tenía otras cosas de las que preocuparse; su mujer, su futuro hijo...
Pasó el tiempo. El hijo alcanzó la adolescencia. Era un muchacho aventurero, cuya curiosidad alcanzaba límites anormales. Su padre le contaba historias de cuando se iba de expedición al Bosque Profundo (pero nunca le contó sobre La Cueva), y él sentía que también tenía que explorar, así que todos los fines de semana se preparaba sus cosas y se iba a pasar la noche en el bosque, para volver el domingo a la hora de comer.
Como ya debes intuir, querido lector, el muchacho encontró la cueva. Le invadió un éxtasis que amplificó su curiosidad y sus ganas de aventura, y entró. Al llegar a la bifurcación, leyó la inscripción. Se quedó pensando durante un rato, hasta que al final decidió seguir el camino del conocimiento.
El camino era eterno. Era amplio, y estaba iluminado por brillantes cristales que sobresalían de las paredes. Cuando creía que había llegado a algún lado, el joven se daba cuenta de que el camino se hacía más estrecho, pero luego volvía a ampliarse. Durante mucho tiempo (le pareció una eternidad), estuvo atravesando el largo corredor que llevaba al conocimiento. Tuvo tiempo para pensar en su familia, sus amigos, sus amoríos... llegó incluso a pensar en esos problemas matemáticos que tanto le costaba resolver. Hasta que llegó. Una puerta de madera se hallaba frente a él, iluminada por los cristales del corredor, ahora estrecho. Estaba cerrada con llave. En la pared de la derecha había una inscripción tallada, debajo de ésta se hallaba un hueco con seis pequeñas plataformas. En la inscripción ponía:
"¿Hacia dónde llevaba el otro camino?"
El joven se quedó pensando, y vio que a la izquierda de la puerta había un hueco más en la pared, donde podía meter el brazo.
Dudó en un principio, pero decidió intentarlo. Metió su extremidad a través del oscuro agujero. Sintió cómo unas piedras punzantes le rasgaban la piel, pero no hasta provocar un dolor insoportable. Alcanzó una especie de pieza cuadrada. La sacó, tenía una E grabada. Al instante, supo lo que tenía que hacer. Puso la E en la segunda plataforma de la hilera de seis, bajo la inscripción a la derecha. Se oyó un sonido como de piedras chocando, y volvió a meter el brazo por el hueco.
Esta vez, lo que sintió fue un calor agradable. Llegó a sacar una R. Sin tener mucha idea, la puso a la derecha de la E, y parece que funcionó. Se oyó otro sonido.
Al meter el brazo en el hueco, esta vez, sintió un frío que quemaba. La primera vez, sacó el brazo inmediatamente y se quejó por el dolor. La segunda, supo que iba a sufrir, así que se dio prisa y alcanzó el pequeño bloque. Una D. Al verla, supo exactamente a dónde conducía el otro camino, y supo dónde tenía que poner esa letra. Pero, no se conformó con saber lo que el otro sendero aguardaba, y continuó buscando los bloques restantes. Puso la D en uno de sus dos sitios, y volvió a meter el brazo. Llegó hasta el bloque sin sentir nada, pero cuando lo cogió y lo arrastró hacia sí, sintió una puñalada que le atravesó la muñeca. Gritó por el dolor, y dio un último esfuerzo para sacar el bloque. Vio que no había ni rastro de ninguna puñalada en su muñeca, y empezó a tener algo de miedo. Pero siguió hacia adelante. Solo le quedaban dos bloques ya, la V y la A. Dejó el bloque que acababa de obtener en su lugar, y fue a por la siguiente pieza.
Cuando metió el brazo, no sintió nada. Cogió la pieza, y tuvo miedo de moverla, pero la sacó sin más. Lo que ocurrió, es que al sacarla, se oyó cómo se abría algo. Apareció una inscripción sobre la puerta:
"El último paso, es dejarlo todo atrás."
Tras leerla, el joven se echó atrás en cuanto a buscar la última pieza, y decidió volver a casa. El camino no le pareció esta vez tan largo, apenas un par de minutos, pero cuando salió de la cueva era de noche.
Al volver a casa, le contó a su padre lo sucedido. Tras escuchar la historia de su hijo, y haber recordado la cueva, le mandó a la cama. Era tarde.
...pero no para él. Tras asegurarse de que su hijo estaba dormido, dejó una nota en la cocina. Una nota donde les decía a todos que les quería.
Y, de noche, él se dirigió de nuevo a La Cueva. Llegó a la bifurcación, y decidió seguir el camino que siguió su hijo. El camino fue muy largo, muchísimo más de lo que lo fue para su hijo. Toda su vida pasó ante sus ojos, hasta que llegó a la puerta. La última pieza que sacó su hijo estaba en el suelo. La cogió, y la puso en el hueco de la A. Se escuchó un sonido de rocas chocando.
Tranquilo ya, después de todo, decidió meter el brazo por el hueco. Mientras iba entrando, se escuchaban engranajes moviéndose. Cuando paraba, los engranajes dejaban de moverse. Cogió la última pieza, y al sonido de los engranajes se le añadió un estruendoso choque de rocas. Cuando sacó la pieza, los engranajes seguían moviéndose solos, y el sonido de rocas empezaba a hacerse más fuerte. Sin temor, él puso la última pieza en su lugar. Hubo un temblor, en el cual sintió que el techo se le iba a caer encima, pero todo pasó. La puerta estaba ahora abierta. Ante él se hallaba la mayor biblioteca jamás vista. Poseía (seguramente) un ejemplar de cada libro que fue escrito en toda la historia... y de lo que nosotros llamamos "prehistoria". Al pasar por el umbral de la puerta, ésta se cerró suavemente, tras lo cual nunca más volvería a ser abierta.
El muchacho despertó esta vez antes que nadie en la casa, pretendiendo seguir explorando el Bosque Profundo (aún le quedaba por ver), y leyó la nota de su padre. Pensó en por qué su padre habría escrito algo así, y se dio cuenta. Fue corriendo a La Cueva.
Tras entrar en ella, llegó al lugar donde antes había una bifurcación. El Camino del Conocimiento estaba tapado por grandes piedras, era imposible para él (y para nadie, al menos en esta época) acceder a él. Entendió que su padre entró en él y eligió dejarlo todo atrás.
Tras llorar durante largo rato, decidió levantarse y seguir el Camino de la Verdad. Se sorprendió al ver que era relativamente corto, comparado con el otro, y no había más que una inscripción al final, en la pared:
"¿La Verdad? Cuando salgas de este húmedo lugar, eleva tu rostro y observa el cielo. Si es de día, observa el Sol, las nubes, los pájaros (si es que hay), y si es de noche cuenta la estrellas y admira la belleza de la Luna. Luego baja tu mirada y fíjate en cada árbol, cada flor, cada hoja y cada pétalo. Siente el viento rozar tu rostro. Buscas la Verdad, pero no necesitas buscarla, solo darte cuenta de que está ahí."
Tras leer y comprender lo que esa inscripción significaba, salió. Era de día. Observó las nubes, los pájaros revoloteando, el deslumbrante Sol. Luego se fijó en los árboles. Vio cómo una hoja caía y yacía recostada sobre la hierba, cómo bellas flores danzaban con el viento.
Volvió a casa. Su madre ya estaba despierta, y al ver a su hijo entrar fue a abrazarlo fuertemente. Él le explicó que su padre había decidido emprender la búsqueda del Conocimiento, y era posible que no volviese.
Pasaron los años. Ahora el hijo se convirtió en padre, y de vez en cuando se iba de excursión con sus dos pequeños (niño y niña). Un día, la pequeña vio la cueva de lejos. Había un hombre delante de ella, reposado en su cayado, mirándolos. Su padre le vio también, se agachó junto a su hija, y le dijo al oído:
-No te preocupes. Ese hombre te quiere tanto como te quiero yo. Es quien me dio la vida, como yo te la di a ti.
-¿Es Dios, papi?
-Seguramente ha alcanzado ese nivel ya. Él lo sabe todo -se levanta y mira al hombre- ¿Verdad, Padre? -le grita
Está lejos, pero al hombre se le puede notar una mueca de sonrisa. Elevó el brazo, despidiéndose por última vez, y desapareció en la oscuridad de La Cueva. Poco después, hubo un temblor y la entrada de ésta fue ocultada entre rocas y tierra.
-¿Estará bien, papi? -pregunta el niño
-Claro que sí. Y desde esa Cueva, te protegerá y te ayudará con lo que necesites. Ahora volvamos a casa.
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