Un cielo completamente azul, con alguna que otra nube, se presentaba a mis ojos. A través de las hojas de los árboles, los pájaros revoloteaban y canturreaban. Me encontraba tumbado en la hierba, mirando al cielo, pensando. "¿Qué estoy haciendo aquí?", "¿por qué estoy solo?", preguntas que me hago continuamente.
Tiempo atrás, vi como mi amada (aún que era un amor no correspondido), se iba alejando poco a poco de mí. Yo, no decía nada, simplemente dejaba las cosas pasar. Al final, ella acabó por irse, salir de mi vida. Me quedé solo.
Miro al cielo, esperando un signo, una oportunidad de comenzar de nuevo, de rehacer mi vida. Pero nada de eso va a ocurrir, no... mi destino es estar solo. O al menos, eso creo. Una persona se acerca a mí, oigo sus pasos.
-¡Hey! ¿Qué haces ahí? Te he estado buscando.
Una voz que reconozco, sí... es ella, una de mis amigas.
-Nada... no hago nada. No tengo nada que hacer ni con quién hacerlo, así que aquí estoy...
-¿Nada que hacer? ¿Asentar la cabeza no era uno de tus objetivos? ¿No era eso lo que querías?
-Ya no tengo a nadie con quien pasar el resto de mis días, no tengo nada.
-Ah, ¿no?
-Bueno, sí, te tengo a ti...
-¿Entonces?
-¿No lo entiendes? No es lo mismo amar que ser amigo. Y ver cómo la persona a la que amas no repara en ti y se acaba marchando...
-Lo entiendo. Lo entiendo perfectamente.
-¿Qué quieres decir?...
-Pues que no eres el único que ha sentido algo eso.
-Oh, me reconforta saber que no soy el único que ha sufrido por lo mismo...
Ella se sentó detrás de mí y comenzó a acariciarme el cabello.
-No estás solo, recuérdalo siempre.
Ambos sabíamos que esa última frase había acabado realmente con "me tienes a mí". Me tumbé, apoyado en su vientre. Ella me acariciaba.
-No sé qué haría sin ti, Violet...
-Nunca lo sabrás.
Ella se rió.
-Y prefiero no saberlo.
Nos quedamos tumbados, mirando al cielo, deseando que ese momento no acabara nunca. Pero no todo podía ser bueno. De pronto apareció ella.
-¡Hey, Sartor! ¡Cuánto tiempo!
Ella vino hacia mí, con una sonrisa. Ella no sabía lo que realmente había llegado a sentir por ella.
-¿Qué haces con Violet?
-¿No puedo estar con Violet?
-Oh, claro que puedes...
La situación parecía un poco tensa.
-Bueno, Sartor, ¿te vienes?
-¿Por qué debería ir?
-Todos estamos allí, esperándote.
-¿Esperándome?
-Si, te necesitamos, ¿recuerdas?
En ese momento recordé lo que hacíamos siempre, todos los años, el mismo día.
-Lo siento... pero vais a tener que buscaros a otro.
Violet me miró, algo anonadada. Desde que Ella llegó, no dijo ni una palabra por miedo a fastidiar el momento, y esa respuesta la dejó un poco asombrada.
-¿Por qué no...? ¡Ah, vale! Prefieres estar con ella, es eso, ¿no?
-¿Es que hay algún problema? Tú has preferido estar con ellos antes que conmigo.
-Pues claro, viendo lo soso que eres...
-¿No te has preguntado alguna vez por qué soy tan soso contigo?
-Ah, ¿que de normal no lo eres?
Ella se rió, burlona.
-Ni siquiera te has dado cuenta todavía...
-¿Darme cuenta de qué?
-Eso ya da igual.
-Espera un momento... me estás diciendo que...
-Te he dicho que eso ya da igual. Los preferiste a ellos antes que a mí, y yo me quedé solo. Ahora me llamáis para hacer lo que sin mí no podéis... he sufrido mucho por vuestra culpa, en especial por ti. Te amaba, y tú ni siquiera te diste cuenta de mi timidez. Creo que me he dado cuenta de quienes son las personas por las que vale la pena luchar... y resulta que puedo contarlas con los dedos de una sola mano.
Tras esto, Ella se fue, andando lentamente, hacia el horizonte.
-Violet, no me dejes, por favor...
-Nunca me alejaré de ti.
-Abrázame...
Desde entonces, comencé a vivir una vida feliz junto a Violet. Ella era la persona que tanto tiempo había deseado encontrar, y resulta que ella estaba enamorada de mí desde antes de que me enamorara de Ella. La he hecho sufrir durante tanto tiempo... pero pagaré todo el daño que le he hecho con el amor que todavía me queda por darle.