¿Hasta qué punto la imaginación puede servirnos para evitar los problemas terrenales que nos acucian?
A veces me olvido de lo que soy. A veces, me imagino como ese personaje tan audaz el cual acaba de evadir a tres guardias grácilmente, y se dirige a una salida, una puerta hacia un nuevo día lleno de aventuras, sueños cumplidos y belleza esotérica materializada.
Otras veces, me olvido de olvidarme. Me doy cuenta de que tan sólo soy una persona más en una vasta llanura. Que las montañas, las posiciones elevadas que tanto ansío, ya están ocupadas. Y no puedes sentir el viento encerrado entre las paredes de carne que forman los que, como tú, se encuentran perdidos, buscando un lugar donde respirar fuera de la asfixiante multitud.
Puede no ser rentable. Puede que dejar tu cuerpo material inerte y dejar volar la imaginación sea condenarte a nunca avanzar. Pero, ¿qué más puedes hacer si lo que buscas no es destacar como alguien que se alzó por encima de los demás sino como alguien que, junto a ellos, alcanzó el nivel de los que se hallan en las alturas?
Quizá debiera alzarme. Quizá debiera dejar atrás a todas aquellas personas que, durante mi vida, me han mostrado aprecio. Quizá debiera pisotearlas, para convertirme en el sueño de alguien como yo...
Me conformaré con soñar. Soñar con un futuro, sin alejarme demasiado de mi cuerpo para poder alcanzarlo poco a poco, paso a paso.
Algún día.
Mis sueños no poseen un valor. Lo que mis sueños poseen es la esencia de mi voluntad. El don que otorgo al mundo, sin razones ni vergüenza. Ponerle precio a un sentimiento, a un sueño, significaría estar dispuesto a venderlo, a perderlo.
"Vive como si cada día fuera el último día de tu vida", y no lo olvides: tus sueños también forman parte de ella.
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