-¿Por qué elegiste este lugar? -preguntó el hombre tras la barra.
-Porque está lleno de recuerdos. Cada silla, cada mesa tiene varias historias para contar. Algunas de júbilo, otras de pesar, pero todas significaron algo en su momento y no me gustaría que fueran olvidadas.
-¿Eso es todo?
-No. Elegí este lugar porque está separado, está a parte, como en otro plano. Un lugar al que no es fácil llegar.
-¿Por qué elegiste un lugar difícilmente accesible?
-Sí, podría haber elegido un lugar común, de esos que encuentras al dar la vuelta en la esquina, pero eso no hubiera valido la pena.
-Valido la pena... ¿Y vale la pena que exista la posibilidad de quedarte solo, de que nadie lo encuentre?
-Sí. Que lo encuentren significa que me han buscado. Si me quedo solo es porque no les ha importado buscarme.
-Extraña manera de buscar afecto, la tuya.
De la radio sonaban canciones de amor antiguas, una tras otra, con la calidad de su época. Blues, jazz, rock... De todo un poco.
-Quizá vaya siendo hora de recoger la mesa. Se acerca la hora de echar el cierre.
En la estancia, la cual no era demasiado grande, se encontraban unas cuantas mesas. En una de ellas habían dos sillas preparadas y, en el centro, una pequeña tarta con un número de velas que prácticamente cubría toda su superficie.
-Sí.
La sustancia que rellenaba su vaso se había terminado. Nada lo retenía ya ahí más que la esperanza de que quien esperaba llegara en el último momento, algo que sabía no iba a ocurrir.
-Espero verte pronto por aquí. Y no vengas solo.
Le sonrió. Observó cómo el tabernero se disponía a apagar la radio, esperando en silencio hasta que acabara la canción. A ninguno de los dos les gustaba dejar una canción a medias. Pero esa última canción no dejó de sonar con la radio apagada.
Se levantó de su asiento y se dirigió a la salida, repitiendo en su mente una voz ronca acompañada de una melodía inolvidable mientras pensaba en ella una vez más.
-Feliz cumpleaños -susurró, mirando la mesa en la cual tiempo atrás reposaba una tarta cuyas velas cubrían su superficie.
Y se marchó, silbando aquella melodía como si en una radio su mente se hubiera convertido.
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