Hace tiempo un hombre, cuyo nombre se ha perdido en los anhelos del tiempo, embarcó en busca de uno de los mayores misterios de la historia: el paradero de los dragones. Trodan, el dragón de fuego, se dice que está confinado en el centro de la Tierra, mientras que de Meríodes, el dragón de hielo e Yngdra, el dragón del cielo no se sabe nada.
Se dice que no son más que leyendas, cuentos para los niños. Pero él creía en ellas, y en su afán por descubrir si realmente eran ciertas, contrató a una tripulación, cada uno el mejor de su especialización. O eso creía, pues en verdad todos se conocían y se unieron al Capitán Silver por una razón:
El tesoro de los dragones.
Meríodes, el dragón de hielo, protegió al mundo de una inundación masiva, creando los polos norte y sur. Trodan, el dragón de fuego, calmó al núcleo de la Tierra, evitando que el planeta fuera engullido por el magma. Yngdra, el dragón del cielo, protegió al mundo de la destrucción, impidiendo que un meteoro gigantesco chocara con él, desapareciendo a su vez.
Tras esto, Meríodes dejó su confinamiento y Trodan descuidó su labor con el objetivo de encontrar los trozos de Yngdra, que se esparcieron por el planeta. Debido a esto, hubieron erupciones por todas partes, y el propio magma deshizo los glaciares, creando los continentes y los mares. Cuando los dragones encontraron todos los fragmentos del dragón del cielo, los encerraron en algún lugar del mundo, cerrando este con una llave la cual dividieron en dos fragmentos. Cada dragón se llevó uno. Ambos se encargarían de que nadie hallara los restos de su compañero.
Variantes de la historia sugieren que los trozos del dragón del cielo son de oro puro mezclado con trozos de meteorito, o que el poder del dragón todavía reside en ellos y quien los posea será capaz de dominar el mundo. Con estos pensamientos muchos marcharon en su busca sin resultados, hasta que la historia se convirtió en leyenda y comenzó a ser olvidada.
El Capitán Silver y su tripulación navegaron durante años sin conseguir nada, ni siquiera una pista. Debido a diversas circunstancias, la tripulación se amotinó y decidió abandonarlo en una isla desierta con algunos utensilios que le pudieran servir para sobrevivir. Desde entonces nadie escuchó sobre el Capitán nada más que lo que sus tripulantes contaron sobre él: se había vuelto loco. Hablaba sobre seres poderosos que nos vigilan, dioses, ángeles. Cada tripulante les ponía un nombre distinto. Pasó de ser el gran Capitán Silver a un loco cascarrabias que por poco logra que todos murieran al querer adentrarse en el mar de hielo del polo sur en busca del dragón de hielo, Meríodes. Nadie preguntó nunca sobre su paradero y ahora su historia era contada a los niños para que aprendieran que deben mantener la cordura para no poner en peligro a la gente de tu alrededor o podrían sufrir el mismo destino.
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