Caperucita Sangrienta
Hace no
mucho tiempo, en una galaxia muy, muy cercana, casi tan cercana como que es la
misma en la que vivimos, vivía una joven, adolescente, de no más de dieciséis
años, con su querida madre y su muy querido padre, en una mansión construida en
una planicie cercana a un bosque inmenso.
La madre,
Clotilde, era una sanguinaria asesina estadounidense que acostumbraba a matar
lenta y dolorosamente a sus víctimas. El padre, Rukov, era un antiguo militar
ruso que disfrutaba automutilándose. Éstos dos se conocieron de una forma un
tanto peculiar: a Clotilde la mandaron a asesinar a Rukov. Ésta se puso con su
habitual tortura, pero a Rukov le gustaba. Teóricamente, Rukov ahora mismo está
muerto, cuyo cadáver está en paradero desconocido. Pero realmente, no es así,
¿verdad?
Éstas dos
almas sanguinarias tuvieron una hija, Dorothy. Fue criada en un ambiente lleno
de gritos, sangre, dolor, muerte, agonía, desesperación y placer. Desde
pequeña, ella se interesó por las torturas con cuchillos, tales como desollar o
simplemente ir haciendo cortes por todo el cuerpo.
Bueno, menos
descripciones y a la historia: La cosa es que un día mandaron a Dorothy un
recado: tenía que llevar una cesta con “cositas” para su abuela. Mientras le
daba su padre la cesta, Clotilde le daba latigazos en la espalda. La joven
aceptó a regañadientes, pidiendo torturar a la próxima alma en pena que cayera
en la trampa de la tienda de lavadoras.
Dorothy
salió de su casa con su preciada capucha roja y su capa y se adentró en el
bosque, donde estaba la casa de su abuela. Pero no podía ser todo tan fácil.
Algo la acechaba. Algo la llevaba persiguiendo desde poco después de que se
adentrara en el bosque. Algo horripilante, tenebroso…
Era un
hombre lobo. Pero no un hombre lobo cualquiera, era EL Hombre Lobo. No era mucho
más grande que Dorothy, y tampoco aparentaba ser muy peligroso, que digamos. Le
pidió a Dorothy que le diera la cesta, pero ella no aceptó. Más bien, le
propuso un trato: si él llegaba antes a la casa de la abuela, que no era muy
desconocida para nadie, le daría la cesta. Y si no, simplemente se iría. Él
aceptó el trato, y eligió el camino más corto hacia la casa. Dorothy, riéndose,
se puso a recorrer el camino más largo a paso de tortuga.
Como era de
esperar, el lobo llego antes a la casa de la abuela, y se tiró horas esperando,
hasta que decidió aprovechar y utilizar su fuerza física para comerse a la
abuela y luego comerse a la joven Dorothy.
Más tarde
llegó la joven de la capucha a la casa. Entró, riéndose tranquilamente, y se
rió más cuando vio al lobo atado de pies y manos en uno de esos típicos
instrumentos de tortura. La abuela estaba afilando unos utensilios de cocina,
los cuales pretendía utilizar para trocear al pobre can. Cuando Dorothy le dio
la cesta, la abuela dejó los cuchillos y la abrió: vísceras. La abuela era caníbal,
y esa era su cena. El lobo acababa de ser salvado, y le debía la vida a una
torturadora sadomasoquista, pues resulta que también seguía un código de honor.
Resulta que,
después de unas horas de torturas al lobito, otro ser se acercó a la casa.
Resultó ser un cazador. Pero no un cazador cualquiera…
Era un
streaper. La abuela le había contratado por teléfono para alegrarse la vista un
rato y después comérselo, pero ella ya tenía su cena, así que dejó que el
streaper hiciera su trabajo y se fuera… pero se olvidó el hacha (una tomahawk) en
la casa, y a la abuela le pareció una falta de educación, así que le pidió a
Dorothy que se lo cargara.
Dorothy
cogió el hacha y se lanzó en la busca del streaper.
No tardó
mucho en encontrarle, y tampoco era muy difícil acecharle desde los matorrales,
así que aprovechó y se puso a observarle. Resulta que ese cazador sentía una
especie de “atracción”… por los árboles. Dorothy no pudo aguantar la imagen,
cogió la tomahawk y se la lanzó a la cabeza. Pero no a la cabeza pensante… el
cazador murió desangrado.
Y así,
Dorothy con su nueva mascota, la abuela con su cena y la pareja de
sadomasoquistas con sus sesiones de tortura diarias, vivieron felices y
desplumaron perdices.
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